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jueves, 19 de abril de 2012

Sefiní


Sefiní / Juan Gelman




Basta por esta noche cierro
la puerta me pongo
el saco guardo los papelitos
donde no hago sino hablar de ti
mentir sobre tu paradero
cuerpo que me has de temblar

Dejemos esto en claro si estoy triste estoy triste
Estoy triste por que no llueve y por que estas lejos
Estoy triste por que el té esta frío y no encuentro las llaves de mi casa


y porque no encuentro mis llaves ni mis puertas
Estoy triste por que el aire susurra lejos y se hace esperar igual que el futuro
Estoy triste por que el destino me propuso una llamada a los deseos imposibles y me rehúso a negar la propuesta


Y por que la vida se rehúsa a dejar que se vayan lejos
Estoy triste por que no puedo dejar de tener fe en el valor de los débiles y los cobardes
vale decir que venceremos


Estoy triste por que el mundo da sus vueltas
y yo me niego a darme la vuelta a mirar el pasado con ojos de solemnidad y ganas de desentierro
y por los que no pueden hacer las pases con mis antes y sus antes lejanos hoy


estoy triste por aquellos que no me dejan descansar en sus olvidos


porque por que no puedo irme a un lugar lejano sin dejar espacios vacíos


estoy triste por que eres humano y así te quiero
con tus fallas, tus arranques estrepitosos y tus decadencias eternas


estoy triste por que fallas
y por que aseguras mi muerte y a veces mi vida
pero lo mas importante estoy triste por no llueve, por que el té esta frío y por que hoy me voy de ti sin ojos solemnes ni ganas de desentierro


y por que la nostalgia se hace esperar y no llega
si estoy triste estoy triste no me convenzan de lo contrario. 

despues de tanto tiempo ahi vuelvo a aparecer...esto es mio

jueves, 1 de diciembre de 2011

Amanecer



Amanecer/Jorge Luis Borges 



En la honda noche universal
que apenas contradicen los faroles
una racha perdida

ha ofendido las calles taciturnas

como presentimiento tembloroso

del amanecer horrible que ronda

los arrabales desmantelados del mundo.

Curioso de la sombra

y acobardado por la amenaza del alba

reviví la tremenda conjetura

de Schopenhauer y de Berkeley

que declara que el mundo

es una actividad de la mente,

un sueño de las almas,

sin base ni propósito ni volumen.

Y ya que las ideas
no son eternas como el mármol
sino inmortales como un bosque o un río,
la doctrina anterior
asumió otra forma en el alba
y la superstición de esa hora
cuando la luz como una enredadera
va a implicar las paredes de la sombra,
doblegó mi razón
y trazó el capricho siguiente:
Si están ajenas de sustancia las cosas
y si esta numerosa Buenos Aires
no es más que un sueño
que erigen en compartida magia las almas,
hay un instante
en que peligra desaforadamente su ser
y es el instante estremecido del alba,
cuando son pocos los que sueñan el mundo
y sólo algunos trasnochadores conservan,
cenicienta y apenas bosquejada,
la imagen de las calles
que definirán después con los otros.
¡Hora en que el sueño pertinaz de la vida
corre peligro de quebranto,
hora en que le sería fácil a Dios
matar del todo Su obra!


Pero de nuevo el mundo se ha salvado.

La luz discurre inventando sucios colores

y con algún remordimiento
de mi complicidad en el resurgimiento del día
solicito mi casa,
atónita y glacial en la luz blanca,
mientras un pájaro detiene el silencio
y la noche gastada
se ha quedado en los ojos de los ciegos.